Iván Matute Placencia, de nacionalidad ecuatoriana. Lcdo. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Técnica Particular de Loja. Nací en la ciudad de Cuenca (la tercera del Ecuador)Radico en la ciudad de Madrid - España, donde llevo adelante varios proyectos encaminados al fenómeno de la inmigración. Diplomatura en audiovisuales por el Centro de estudios europeos y marketing C.A.T.A. Diplomatura en guión cinematográfico y televisivo en la escuela de artes y letras Forma y Trama. He publicado mi libro: "Memorias de un inmigrante", reconocido en Estados Unidos, Alemania, España y traducido al Francés por la Universidad de Renes.
Extracto: "Memorias de un emigrante"
Iván Matute Placencia
“Para hablar de migración primero
hay que sentirlo en carne propia"
De pequeño mi abuelo Isaac solía decirme que el terreno donde uno nace no es propio, que sabemos donde nacemos pero nunca donde moriremos ya que el hombre es errante por naturaleza, y en cualquier momento de la vida tendremos que caminar de un lugar a otro. Palabras sabias que sólo un hombre cargado de experiencia lo podía manifestar con firmeza, ese hombre que conoce las estrategias y artimañas para hacer de la vida una historia llena de aventuras, me había dado el empujón para conocer los secretos de la vida. El tiempo ha sido el cómplice perfecto para darme cuenta de que esas expresiones se cristalizan en la vida real, y más aún cuando te sucede algo jamás experimentado: el salir y renunciar a todo por conseguir una meta que te catapulte hacia el futuro. Todo esto te pone ya una venda en los ojos que no quiere ver nada más que la felicidad.
Retrocedo el tiempo hacia épocas no muy lejanas donde el hombre del campo renunciaba a su tierra y salía a la gran ciudad para cambiar su situación; este episodio particular lo conocemos todos, y quien sabe hasta en la propia familia existen anécdotas escondidas y que no las sacamos a la luz porque al parecer a nadie le importa. Estos movimientos migratorios de carácter interno tuvieron su apogeo en los años 70 y 80 en Ecuador, cuando oía decir a mis compañeros de clase y de barrio que muchos de sus padres trabajaban en la costa ecuatoriana y que semanalmente regresaban con sus ganancias para cubrir así las necesidades del hogar. Esto sembró en mí la inquietud de saber un poco más sobre éstos temas. Vivir en Cuenca y encontrar los secretos que esta ciudad guarda de sus habitantes, fue muy importante a la hora de averiguar contenidos propios de la migración; la visión más cercana de la realidad de la gente del campo o de la misma ciudad me ayudó en esa búsqueda de identidad del “cuencano” (el que nace en Cuenca-Ecuador), que gracias a estos procesos migratorios definen los cimientos de una sociedad de cambio con ideas y propósitos futuristas para toda la provincia. El hombre de la sierra descubría así una alternativa de vida sin darse cuenta que de ésta manera se convertía en pionero para los primeros episodios de la migración ecuatoriana.
-Mi padre trabaja en el Guabo- indicaba Carlos Cajamarca- uno de esos compañeros de barrio que se entera de todo y siempre tenía algo que contar de las muchas historias que su padre le narraba o que las oía sigilosamente durante las conversaciones de los adultos. La ponderación de las aventuras nos tenía a todos atrapados con sus palabras, sus explicaciones se hacían interesantes, en especial cuando se refería al tema de los amoríos y de engaños conyugales que siempre no faltaban en sus intervenciones. Su padre, Don Ignacio Cajamarca, más conocido como Don Nacho el mecánico. Un hombre trabajador que siempre se lo veía con el mismo traje, al que no se distinguía el color de su overol por la grasa acumulada de muchos años de trabajo, parecía un comando listo para el combate, esto se debía a la cantidad de horas que llevaba arreglando vehículos en su pequeño taller de la calle 10 de agosto. Carlos decía que el taller de su padre no daba lo suficiente para vivir; su padre siempre renegaba, vivía preocupado por su familia, los gastos del hogar, las deudas que lo comían vivo y otras cosas que para el colmo de los males en una ocasión fundió la máquina de un vehículo muy caro que le llevó a la ruina. Carlos se consolaba cuando su padre le decía que por lo menos ha salvado el día y tienen para “echar cuatro papas a la olla”...
USTED PUEDE SEGUIR CON EL TEXTO ADQUIRIENDO EL LIBRO ESCRIBIENDO A: mrreporteros@hotmail.com